Hola! Buen día. Buen lunes. Feliz semana.

Comenzó el éxodo de las vacaciones escolares. Los padres (muchas veces sólo las madres) piden sus vacaciones por esta fecha para poder disfrutar junto a sus hijos un solaz esparcimiento. 

El sábado pasado fui para Higuerote (para los que no conocen: Estado Miranda, Venezuela) y noté que había un poco más de gente (pues los fines de semana anteriores Higuerote estaba tan solo como cualquier día laborable).

Se veía el tránsito de los vacacionistas, los que poseen propiedad en la zona y en las vacaciones se van a disfrutar del sol y las playas barloventeñas. No muchas gente, a decir verdad.

La mayoría ya llega con sus provisiones desde Caracas. En Higuerote es más difícil conseguir los artículos de primera necesidad que tanto escasean en Venezuela por estos tiempos. También porque en Higuerote todo es más costoso. Entré a el supermercado que está en el Centro Comercial Flamingo y el kilo de tomates está en 450,00 Bs., mientras que en Caracas se encuentra por 100,00 Bs. menos. Estas diferencias de precios hace que mucha gente evite hacer compras en Higuerote. Triste, pero cierto. 

Supongo que el consumo de bebidas alcohólicas también bajó, ya que los precios son un verdadero escándalo.

Los que bajan a Barlovento (aún teniendo allá propiedad), deben ser aquellos que tienen un ingreso económico lo suficientemente alto como para darse "el lujo" de irse de vacaciones.

Los que salen del país a vacacionar son multimillonarios. O los empresarios, o los enchufados rojos.

Vi poca gente y la mayoría de esa poca gente sólo pasillaneaba el centro comercial. Caras más que alegres, con cierto dejo de desconcierto.

Imagino que esas personas adultas fueron de vacaciones más que a descansar, a despejarse un poco de la terrible realidad que estamos viviendo. Tal vez pensando que bien podría ser la última oportunidad de evadirse, en un lugar que en otrora fuera de diversión o sosiego.

También la escondida angustia de que no alcance el presupuesto, o que se acabe el papel toilet y tengan que regresarse para Caracas... o pagarlo a precio de oro para no hacer una angustiante cola bajo el sol abrazador, que calcina por estas fechas.

De cualquier forma ahorita en Venezuela nada es seguro. La gente trata de que no se les note, pero en los rostros es inevitable descubrir ese no sé qué que nos tiene a todos como en una sosobra interminable.

A pesar de todo, seguimos tratando de ser optimistas. Feliz lunes. Feliz semana.

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