Hoy martes, muy temprano en la mañana, fui para el banco a realizar un pago pendiente.
De allí pasé por el súpermercado " a ver qué había"; "hoy es mi día para comprar", recordé, y me dirigía a un supermercado que se encuentra dentro de un centro comercial ubicado en el este de la ciudad de Caracas, capital convulsionada de este país en caos: Venezuela.
Mientras caminaba por los pasillos del centro comercial en cuestión, ví varias colas: Dos de ellas eran para ingresar, una a un supermercado (expropiado por el gobierno) y la otra para una gran farmacia. La primera la descarté, por cuanto me resisto (hasta donde se pueda) a comprar en cualquier comercio que haya sido expropiado por el gobierno. Incluso hago mi mejor esfuerzo por no consumir ciertas marcas -que ya me han dicho- pasaron a propiedad de aquel individuo investigado por USA, por ser (al parecer) el jefe mayor del narcotráfico en Venezuela. La segunda era en la farmacia y pensé en "aprovechar" de comprar vitamina C, y como que ya estoy necesitando papel sanitario, me acerco y pregunto si es ese el artículo que están vendiendo. Me dicen que no, que es leche para recién nacidos. Lo que llaman fórmula. Me quedé observando a mi alrededor mientras simulaba hacer la fulana cola (ya que decidí no entrar tampoco a este establecimiento). Miré cómo decenas de personas esperaban (no sé qué) afuera, sentados en un minúsculo borde. Supuse que eran aquellas personas que no podían comprar "porque no les toca" (recuerden que acá ahora se compra según el último número de la cédula), pero que estaban esperando a sus amigos o familiares que sí podían comprar y que estaban haciendo la cola para ingresar al local. Seguí mi camino hasta el supermercado.
Como siempre: atiborrado de personas haciendo cola para pagar. Ingresé desorientada (la multitud suele causar eso en mí) buscando intuitivamente cualquier otra cola al final del local. La encontré y pregunté qué estaban vendiendo. Fuí informada por una voz femenina: aceite vatel no regulado, a 105,00 Bs. Medité por un instante si realmente necesitaba comprar aceite. Decidí usar un comodín e hice unas llamadas telefónicas para saber si verdaderamente ameritaba hacer la cola o no. Me dijeron que sí, que el aceite también está escaseando.
A lo largo de la cola caminaba una señora mientras decía: "aceite no regulado y pañales, es lo que hay, cédúla en mano. Vayan sacando sus cédulas". Me averguenzo de mí primeramente, segundo por el resto de los que hacían la cola y por último por la señora.
Llegué a donde estaba un señor vociferando que había que comprar el aceite al precio que fuera porque después no iba a haber. Otra señora con chaleco rojo y un carnet colgado al cuello, me pidió la cédula, se la entregué, la revisó y luego me la volvió a pedir. La señora tendría más de 65 años. No sé para qué la ponen en eso...
El señor que incitaba a comprar aceite, me dio también -sin consultarme- dos paquetes de pañales desechables. Los acepté, como autómata, preguntándome para qué me los había dado.
Busqué un carrito de supermercado decidida a recorrer los pasillos y ver qué otra cosa podía serme útil. Recordé los pañales y llamé a mi sobrina (que no tiene hijos ni está embarazada, gracias a Dios, porque como está la situación acá, me está pareciendo una aberración traer a otro ser humano al mundo): "Me dieron en el supermercado dos paquetes de pañales ¿sabes de alguien que los necesite o los dejo?".- Me quedé sorprendida cuando me dijo enseguida: "Si son RN (me enteré que eso quiere decir Recién Nacido), cómpralos, que tengo una amiga que me dijo que los paga a trescientos".- "¿Y cuánto cuesta eso?, quise saber: "A ti te van a salir como en setenta bolívares cada uno".- "Ok", le respondí atónita, y colgué.
Luego vi unas latas de atún (de las más pequeñas) bien acomodadas y que nadie se estaba "llevando". Tomé dos y luego pregunté a qué precio las vendían. Alguien me dijo que las comprara porque estaban baratas en 205,00 Bs.
Hice una larga cola (como de media hora) para pagar lo que había comprado y apenas salía del recinto cuando me abordó una chica con un embarazo como de 7 meses: "Ay señora, ¿Usted necesita esos pañales?.- Me le quedé mirando sin saber qué decir. "Es que voy a dar a luz y necesito pañales de ese tamaño. Tengo dos paquetes de café... ¿Le cambio estos dos paquetes de café por un paquete de pañales y le doy la diferencia?".- Y me miró a los ojos con una sonrisa franca. Miré su barriga abultada y pensé de qué diferencia me estaría hablando... Le dije que estaba bien e hicimos el intercambio en el acto.
Satisfecha de haber podido ayudar a la chica embarazada, me disponía a continuar mi camino cuando otra mujer se me acerca y me dice que me compra los pañales. Esta no estaba embarazada y su rostro me decía que su necesidad era otra. Le dije que no y me preguntó si yo los necesitaba. Le mentí que sí, que mi sobrina me los había encargado.
Dios proteja a mi sobrina de necesitarlos en estos momentos.
Regresé a casa triste, como todos los días que salgo y vivo una experiencia diferente a lo que estaba acostumbrada a vivir hasta hace apenas un par de años. Cada día es una nueva vivencia y cada día esa vivencia es más humillante, más desesperante.
Me pregunto hasta cuándo seguiremos "disfrutando" de estas novedades y si realmente estamos dispuestos a seguir "acostumbrándonos" a este modo de vida.
¿Será que somos tan sinverguenzas así?
De allí pasé por el súpermercado " a ver qué había"; "hoy es mi día para comprar", recordé, y me dirigía a un supermercado que se encuentra dentro de un centro comercial ubicado en el este de la ciudad de Caracas, capital convulsionada de este país en caos: Venezuela.
Mientras caminaba por los pasillos del centro comercial en cuestión, ví varias colas: Dos de ellas eran para ingresar, una a un supermercado (expropiado por el gobierno) y la otra para una gran farmacia. La primera la descarté, por cuanto me resisto (hasta donde se pueda) a comprar en cualquier comercio que haya sido expropiado por el gobierno. Incluso hago mi mejor esfuerzo por no consumir ciertas marcas -que ya me han dicho- pasaron a propiedad de aquel individuo investigado por USA, por ser (al parecer) el jefe mayor del narcotráfico en Venezuela. La segunda era en la farmacia y pensé en "aprovechar" de comprar vitamina C, y como que ya estoy necesitando papel sanitario, me acerco y pregunto si es ese el artículo que están vendiendo. Me dicen que no, que es leche para recién nacidos. Lo que llaman fórmula. Me quedé observando a mi alrededor mientras simulaba hacer la fulana cola (ya que decidí no entrar tampoco a este establecimiento). Miré cómo decenas de personas esperaban (no sé qué) afuera, sentados en un minúsculo borde. Supuse que eran aquellas personas que no podían comprar "porque no les toca" (recuerden que acá ahora se compra según el último número de la cédula), pero que estaban esperando a sus amigos o familiares que sí podían comprar y que estaban haciendo la cola para ingresar al local. Seguí mi camino hasta el supermercado.
Como siempre: atiborrado de personas haciendo cola para pagar. Ingresé desorientada (la multitud suele causar eso en mí) buscando intuitivamente cualquier otra cola al final del local. La encontré y pregunté qué estaban vendiendo. Fuí informada por una voz femenina: aceite vatel no regulado, a 105,00 Bs. Medité por un instante si realmente necesitaba comprar aceite. Decidí usar un comodín e hice unas llamadas telefónicas para saber si verdaderamente ameritaba hacer la cola o no. Me dijeron que sí, que el aceite también está escaseando.
A lo largo de la cola caminaba una señora mientras decía: "aceite no regulado y pañales, es lo que hay, cédúla en mano. Vayan sacando sus cédulas". Me averguenzo de mí primeramente, segundo por el resto de los que hacían la cola y por último por la señora.
Llegué a donde estaba un señor vociferando que había que comprar el aceite al precio que fuera porque después no iba a haber. Otra señora con chaleco rojo y un carnet colgado al cuello, me pidió la cédula, se la entregué, la revisó y luego me la volvió a pedir. La señora tendría más de 65 años. No sé para qué la ponen en eso...
El señor que incitaba a comprar aceite, me dio también -sin consultarme- dos paquetes de pañales desechables. Los acepté, como autómata, preguntándome para qué me los había dado.
Busqué un carrito de supermercado decidida a recorrer los pasillos y ver qué otra cosa podía serme útil. Recordé los pañales y llamé a mi sobrina (que no tiene hijos ni está embarazada, gracias a Dios, porque como está la situación acá, me está pareciendo una aberración traer a otro ser humano al mundo): "Me dieron en el supermercado dos paquetes de pañales ¿sabes de alguien que los necesite o los dejo?".- Me quedé sorprendida cuando me dijo enseguida: "Si son RN (me enteré que eso quiere decir Recién Nacido), cómpralos, que tengo una amiga que me dijo que los paga a trescientos".- "¿Y cuánto cuesta eso?, quise saber: "A ti te van a salir como en setenta bolívares cada uno".- "Ok", le respondí atónita, y colgué.
Luego vi unas latas de atún (de las más pequeñas) bien acomodadas y que nadie se estaba "llevando". Tomé dos y luego pregunté a qué precio las vendían. Alguien me dijo que las comprara porque estaban baratas en 205,00 Bs.
Hice una larga cola (como de media hora) para pagar lo que había comprado y apenas salía del recinto cuando me abordó una chica con un embarazo como de 7 meses: "Ay señora, ¿Usted necesita esos pañales?.- Me le quedé mirando sin saber qué decir. "Es que voy a dar a luz y necesito pañales de ese tamaño. Tengo dos paquetes de café... ¿Le cambio estos dos paquetes de café por un paquete de pañales y le doy la diferencia?".- Y me miró a los ojos con una sonrisa franca. Miré su barriga abultada y pensé de qué diferencia me estaría hablando... Le dije que estaba bien e hicimos el intercambio en el acto.
Satisfecha de haber podido ayudar a la chica embarazada, me disponía a continuar mi camino cuando otra mujer se me acerca y me dice que me compra los pañales. Esta no estaba embarazada y su rostro me decía que su necesidad era otra. Le dije que no y me preguntó si yo los necesitaba. Le mentí que sí, que mi sobrina me los había encargado.
Dios proteja a mi sobrina de necesitarlos en estos momentos.
Regresé a casa triste, como todos los días que salgo y vivo una experiencia diferente a lo que estaba acostumbrada a vivir hasta hace apenas un par de años. Cada día es una nueva vivencia y cada día esa vivencia es más humillante, más desesperante.
Me pregunto hasta cuándo seguiremos "disfrutando" de estas novedades y si realmente estamos dispuestos a seguir "acostumbrándonos" a este modo de vida.
¿Será que somos tan sinverguenzas así?
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