Son las mismas personas que están de acuerdo con la violación de los derechos más fundamentales de nosotros, los pobres humanos, venezolanos o no, que por cosas del destino nos ha tocado convivir con estos arrogantes seres que creen que tienen a Dios agarrado por la barba, como diría mi mamá.
Todo en esta vida terrenal es finito. Por eso escribo la palabra "temporalmente", y ellos no se dan cuenta de este pequeño detalle.
Lo único que tenemos seguro en esta vida es la muerte, así que dudo que alguno de aquellos venezolanos, que creen que se las están comiendo porque, por los momentos, ostentan el gobierno y la administración de este estado, crea que es inmortal.
Lamento recordarles que todos somos caimanes del mismo pozo, y para muestra hugo, que decía que no le temía a la muerte, pero según dicen, en su desesperación por seguir disfrutando del poder, rogó, en esa hora terrible de incertidumbre y miedo infinito: "No me dejen morir". También fidel está más allá que de acá. En cualquier momento se lo lleva la pelona, por viejo, claro, porque por una u otra razón a todos nos toca el momento de partir. Entonces me pregunto: ¡Por qué tanta maldad? ¿Por qué tanta ambición de dinero y de poder? ¿Para dejárselo a los hijos? ¿A los nietos de los nietos? ¡Carajo! ¿Y vale la pena tanto ensañamiento, tanta maldad, para asegurarle a unos cuantos seres humanos el bienestar económico por el resto de sus días? Yo creo que no, pues el dinero no siempre lo puede todo. No siempre el dinero hace la felicidad. Sino habría que preguntarle a personas como Chistina Onassis , que como dice la canción: "No tenía más que dinero". Lástima que ya murió, por sobredósis de droga (...) por cierto...
Pero estas personas, que se creen dueños de la verdad y de la vida de todo un país, delinquen sin el más mínimo rasgo de temor al inevitable hecho de ser tan mortales como tú o como yo, sino que además, se aprovechan de la ignorancia, de la poca capacidad mental de aquellos que no por otra cosa, sino por constitución biológica, han caído fácilmente ante el engaño de quienes les han ofrecido villas y castillas, pero que además de no dárselas, les han convencido de que sí, que viven en el país de las maravillas. Como si les suministraran a diario cantidades de drogas alucinógenas para que vieran elefantes azules bailando encima de nubes rosas.
Me quedo pensando si esto es del todo "normal" o si es lo que debíamos esperar como pueblo, después de haber vivido con una desidia monstruosa durante tantos y tantos años. Discriminando a nuestros compatriotas, haciéndonos los locos ante las injusticias del pasado, incluso ante nuestra propia historia. El pueblo entero es responsable de lo que estamos padeciendo en la actualidad. No son extraterrestres los rojos que asaltaron nuestro país. No. Son venezolanos, que permitimos (otros venezolanos) que se apoderaran del poder y la riqueza de nuestra Venezuela, que realmente es de todos, pero que la aprovechan sólo los más sagaces, los más astutos... Y por los momentos, los más malos. Los malandros, pues.
La pregunta es: ¿Hasta cuándo? ¿Hasta cuándo seremos conformistas, flojos, temerosos? Hasta cuándo permitiremos que pueda más nuestra desidia, nuestro individualismo. Este egoísmo furioso que nos hace decir frases tan hipócritas como: "Los venezolanos somos solidarios y unidos".
Creo que es necesario que veamos primero nuestros propios defectos, los asumamos con responsabilidad, y luego, enmendemos.
Sólo así lograremos unirnos, en una red de hermandad inquebrantable, pueblo unido, sociedad civil de venezolanos conscientes, justos, humildes de corazón, valientes guerreros de paz con almas insobornables, prestos siempre a ser más patrióticos que borrachos parranderos. Entonces, sólo entonces, podremos ponernos de acuerdo para hacer algo, al unísono, en un mismo tiempo, sin egoísmos de ningún tipo.
Nadie en el mundo puede vencer a un ejército desarmado de 30 millones de personas. ¡Nadie!
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