Crónica de una sentencia anunciada


Todos teníamos un dejo de esperanza, pues según, y que es lo último que se pierde, pero en el fondo sabíamos que la sentencia sería la que se dio anticipadamente como orden a cumplir, o a negociar, como quiera verse.

Era la sentencia a esperarse en un país sin Estado de Derecho. Era no sólo la sentencia de una juez sin moral ni conciencia, sino de unos individuos desesperados ante la real posibilidad de perder el poder tomado con trampa, de un país que permite llenarse las manos de dinero y de sangre sin que nada grave suceda. También era la sentencia de unos abogados que fungieron de fiscales. Ellos también son responsables de toda esta injustica y de todo lo que implica venderle el alma al diablo. Y ya sabemos quién es el diablo actualmente en Venezuela.

Lo insólito no ha sido la sentencia, ni la grosera forma pública conque se compran consciencias y decisiones en la altas esferas rojas. Lo insólito es ver que nadie tenía un plan B. Lo insólito es ver cómo nos sentamos a twitear por unas horas y al día siguiente como si nada: A hacer colas para ver si al fin conseguimos papel toilet. Lo insólito y triste, además, es ver cómo aún hay gente que sólo para no dar su brazo a torcer, y sin comprender casi nada de lo que sucede con esta gran injusticia, ha expresado su placer en una sentencia abominable como lo ha sido esta que ha dado la fulana Barrientos.

Me pregunto, de cualquier manera, si como se ha dicho, la sacarán del país junto con toda su familia... TODA? Es decir, sus padres, hermanos, sobrinos, cuñados, primos y tíos? ¿Hasta a los abuelos si aún viven? Porque si no fuera así... ¿Con qué cara saldrán esas pobres personas a la calle? Debo imaginar que negarán ser su familia. Así mismo los fiscales... ¿O es que el mundo de burbujas en donde los sumerge el dinero mal habido no les permite ver el mundo exterior; el real?

Pobres personas. Pobre juez, pobres fiscales, pobres sus familiares y amigos. Pobres aquellos que sienten satisfacción ante la injusticia y se regodean en ella. Personas que celebran hoy la condena a un hombre que sólo ha manifestado el deseo de un país mejor para mí, para ti y para los otros. No se acuerdan de que, crímenes como el asesinato de Adriana Urquiola -que estaba embarazada cuando la asesinaron- y Mónica Spears, en donde también mataron a su esposo e hirieron a su pequeña hija, fueron practicamente obviados por esta mal llamada justicia venezolana. 

Quedan desquiciados y muy ignorantes en mi país y eso, amigos, es lo que me llena de profunda tristeza. Personas incapaces de detenerse a leer, a escuchar, a analizar los que está sucediendo, sino que llevados por el odio, por el revanchismo socio-político, arremeten sin sentido con palabras y acciones dementes que sólo antes yo había visto en películas de miedo.
Pobres aquellos que ignoran por completo lo que realmente sucede aquí ¿Y es que no saben ellos que personas cercanas al mismo difunto aquel, fueron encarceladas nada más que por llevarle la contraria?

Pobres de aquellos que no sólo ignoran la Ley Divina, sino que además no se dan cuenta de que hoy se burlan de algo que a cualquiera, así de sencillo, a cualquier venezolano hijo de la panadera (y recuerden de dónde viene la frase), le puede suceder. Porque amigo lector, simpatizante o no de este sistema dictatorial comunistoide que se adueñó temporalmente de Venezuela, si usted mañana le cae mal a un "patriota cooperante", usted amigo, así tenga la razón, usted también tendrá su sentencia anunciada. Usted se jodió. Así de sencillo.








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