COMO PARA ASOMBRARSE

Tengo cuarenta y nueve años de edad y quizás por ello no dejo de asombrarme con todo lo que ha acontecido en los últimos días, tanto en Venezuela, como en otros países, como Siria, Francia, Haití o Estados Unidos.
Pienso que quizás si tuviera setenta y cinco años, o entre quince y veinticinco, no me asombrara, porque, o hubiese ya visto lo suficiente, o estuviera ya acostumbrada, me pareciera "normal" tanta atrocidad.
Y es que en mis primeros treinta años la vida transcurrió como "tipo tranquila", según la frase de los chamos de hoy.
Uno comprendía que era lógico que hubieran algunos sucesos extraordinarios, como que intentaran matar al Papa Juan Pablo II, o que hubiera un terremoto en Chile. Que hubiera una revuelta social en cualquier país latinoamericano, o que Estados Unidos interviniera en cualquier otra guerra que no le salpicara directamente, pero que se metiera pues, era normal.
Hoy día estoy asombrada con los últimos sucesos, como que haya estallado (así como así) la Tercera Guerra Mundial. Que los musulmanes la hayan provocado, es aún más asombroso, por lo que ello conlleva y por las múltiples profesías que hablan acerca del poder que los musulmanes tendrán muy pronto a nivel mundial.
Asombro me causa también la desfachatez conque el dictador venezolano se hace de la vista gorda respecto a su supuesto ahijado e hijastro descubiertos con 800 kilos de cocaína, en avión venezolano y con sendos pasaportes diplomáticos. Como que si eso fuera poco, mi asombro llega al nivel máximo, cuando veo cómo la gente en la calle tampoco habla acerca de este suceso tan escandaloso como vergonzoso. 
Me asombro al notar cómo esperamos de nuevo en Venezuela a que lleguen unas elecciones, con las mismas ilusiones de ganarlas limpiamente, como en las múltiples que han habido en los últimos diecisiete años. Como niños pequeños ante la inminente llegada de los ansiados regalos navideños.
Asombro total al descubrir a una muchachada global que se transmite mensajes a través de Twitter, alentando el sistema comunista y apoyando a "los pobres musulmanes extremistas", que matan cien personas y son atacados con bombas desde el aire.
Estos jóvenes que se han leído de cabo a rabo los libros de Marx, Engels, Lenin y Trosky, desean seguir creyendo que todas aquellas ideas expresadas en dichos libros, es la panacea a todos los problemas mundiales. Esos muchachos son mantenidos por padres pudientes, que les permiten tener internet en su casa y dedicarse a lograr más de tres mil seguidores en Twitter para que expresen sus ideas en contra del mismo "capitalismo salvaje" que les permite luchar asimismo en su contra. Una rueda infinita.
Una paradoja tanto asombrosa como alarmante, pues estos muchachos son el futuro del mundo. Si no se les frena antes de que sea tarde... Será eso: Muuuy tarde.
Jóvenes con ideas fundamentalistas, que defienden las dictaduras comunistas, pero que viven en libertad, en democracia, en países en donde usan ropa de cualquier marca reconocida, conducen autos lujosos y usan los últimos adelantos en tecnología. Jóvenes perdidos en la realidad mundial, que sólo intentan seguir algún patrón diferente aunque se trate de uno que hayan sólo visto en libros remotos.
Escuchan o leen cuentos de países lejanos y ya creen conocer la historia del mundo entero. Jóvenes que no han visitado jamás una cárcel o han estado jamás en guerra alguna. Jóvenes que actúan como monos: supuestamente por imitación.
Asombroso y preocupante que los padres de estos jóvenes no tengan tiempo para explicarles que la mejor forma de vivir es en democracia y que lo único que realmente hay que evitar en la vida, a toda costa, son las posiciones radicales que nos puedan llevar al fanatismo.
Por ese fanatismo puro, que ha causado la muerte de miles de personas, la ONU acaba de decirnos que técnicamente, ha comenzado la temida Tercera Guerra Mundial.
Acá, "en el otro lado del mundo", desde un país, que aún me asombra por haberse dejado consumir en un supuesto ideal político, que ha terminado en convertirse en un narcoestado, que tiene por dictador a un conductor de autobuses incapaz de pensar por sí mismo, acá al parecer "no pasa nada", pero de aquellos causantes de la detonación de la Tercera Guerra Mundial, de esos tenemos aquí, regados por ahí, como si nada, unos disfrazados de paisanos, otros de gobernantes y otros sin disfraz alguno, como si nada, paseando por las calles y que "democráticas" de Venezuela. 
Digo yo, que estando las cosas como están, los venezolanos deberíamos dedicarnos un poco más a pensar cómo le vamos a hacer frente a este desastre en que nos sumieron unos pocos, a los que se les permitió demasiado. 
También debemos estar pendientes de hablar con nuestros muchachos. No vaya a ser que jamás, jamás, jamás, lleguen a asombrarse por algo.

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